Fue una reconocida defensora ambiental e integrante del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH), organización de la cual también formó parte la líder indígena Berta Cáceres. Lesbia Yaneth era una activista comprometida con la protección de los ríos y la defensa de los territorios lencas frente a los proyectos hidroeléctricos impulsados sin consulta a las comunidades locales. Su labor se centraba en el municipio de San José, departamento de La Paz, donde se oponía a la construcción del proyecto hidroeléctrico Aurora I, vinculado a figuras políticas y empresariales nacionales.
El 5 de julio de 2016, su cuerpo sin vida fue hallado en el vertedero municipal de Marcala, La Paz, un día después de haber salido de su casa en bicicleta. Según las investigaciones iniciales, el crimen ocurrió en el contexto de la lucha de las comunidades indígenas por la implementación del derecho a la consulta previa, reconocido por el Convenio 169 de la OIT, cuyo debate se desarrollaba precisamente en el municipio donde fue asesinada.
El COPINH calificó su muerte como un “feminicidio político”, destinado a silenciar las voces de las mujeres que defienden los derechos humanos, el territorio y el medio ambiente. Su asesinato ocurrió apenas cuatro meses después del de Berta Cáceres, y semanas después del de Nelson García, también miembros del Consejo, en un patrón de violencia sistemática contra quienes se oponen a los intereses extractivos en Honduras. Hasta la fecha, no se han identificado ni enjuiciado a los responsables intelectuales del crimen. La muerte de Lesbia Yaneth Urquía evidenció nuevamente la impunidad y el riesgo extremo que enfrentan las mujeres defensoras del medio ambiente en el país.


