Fue un campesino hondureño vinculado a la defensa del territorio y a la vida organizativa del movimiento campesino en el Valle del Aguán, una región marcada por un prolongado conflicto agrario, altos niveles de violencia y presencia de grupos armados ilegales.
Su asesinato ocurrió en un contexto de intensificación de ataques selectivos contra cooperativas y empresas campesinas afiliadas a la Plataforma Agraria y a la Coordinadora de Organizaciones Populares del Bajo Aguán (COPA), caracterizado por amenazas, desplazamientos forzados y ejecuciones que buscan desarticular la organización campesina.
El 2 de enero de 2025, Arnulfo Díaz fue interceptado en su vehículo a las afueras de la Cooperativa Brisas del Aguán y asesinado a tiros por hombres armados. Su muerte forma parte de una nueva ola de asesinatos que, según organizaciones nacionales e internacionales de derechos humanos, no constituye hechos aislados, sino un patrón sistemático de violencia en un contexto de alta impunidad.
Hasta la fecha, no se ha informado públicamente sobre el esclarecimiento del crimen ni la sanción de los responsables, lo que refuerza las denuncias de impunidad estructural en el Bajo Aguán. El caso de Arnulfo Díaz se suma a decenas de asesinatos de campesinos y defensores de la tierra en la región, y ha sido citado en llamados internacionales al Estado hondureño para desmantelar estructuras criminales, garantizar justicia y proteger la vida de quienes defienden su derecho a la tierra y a una vida digna.




