Berta Isabel Cáceres Flores fue lideresa indígena lenca, defensora del ambiente, defensora de derechos humanos y referente ético y político de las luchas territoriales en Honduras. Nació y creció en La Esperanza, Intibucá, una región marcada por la resistencia indígena y por una profunda relación espiritual y material con los ríos y la tierra.
Fue cofundadora y coordinadora general del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH), desde donde articuló comunidades indígenas, campesinas y organizaciones sociales en defensa del territorio ancestral, el agua y los derechos colectivos del pueblo lenca.
Berta no fue solo una activista. Fue organizadora, formadora política y constructora de comunidad. Su liderazgo se basaba en la convicción de que el territorio no es una mercancía, sino la base de la vida, la cultura y la dignidad de los pueblos.
Qué defendía
Berta defendía causas profundamente concretas y, al mismo tiempo, estructurales:
- Los ríos como bienes comunes y sagrados, en particular el Río Gualcarque, esencial para la vida espiritual, cultural y económica del pueblo lenca.
- El derecho de los pueblos indígenas a la consulta previa, libre e informada antes de cualquier proyecto que afectara su territorio.
- La autonomía y autodeterminación indígena, frente a un modelo de desarrollo impuesto desde el poder económico y político.
- La defensa de la vida frente a la militarización, criminalización y violencia.
Por esta labor, Berta recibió en 2015 el Goldman Environmental Prize, un reconocimiento internacional que visibilizó su lucha y colocó a Honduras bajo la mirada del mundo.

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A qué se oponía
Berta Cáceres se oponía de manera frontal al proyecto hidroeléctrico Agua Zarca, impulsado por la empresa Desarrollos Energéticos S.A. (DESA), que pretendía represar el río Gualcarque sin el consentimiento del pueblo lenca.
Denunció que el proyecto:
- Violaba derechos territoriales indígenas.
- Se sostenía en permisos otorgados sin consulta.
- Avanzaba con presencia militar y fuerzas de seguridad privadas.
- Formaba parte de un modelo extractivo excluyente, donde las comunidades asumían los costos y otros capturaban los beneficios.
Esta oposición colocó a Berta en conflicto directo con intereses empresariales, financieros y actores armados, en un contexto de alta impunidad.
Años de amenazas antes del asesinato
Mucho antes de su muerte, Berta vivía bajo un riesgo permanente. Ella y el COPINH denunciaron durante años:
- Amenazas de muerte reiteradas.
- Seguimientos, vigilancia y hostigamiento.
- Procesos judiciales utilizados como forma de castigo.
- Campañas de estigmatización para desacreditar su liderazgo.
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos había otorgado medidas cautelares a favor de Berta Cáceres, reconociendo formalmente el peligro que enfrentaba. Sin embargo, esas medidas no se tradujeron en una protección efectiva, lo que evidenció la debilidad del Estado para proteger a quienes defienden derechos en contextos de conflicto.
El asesinato
2 de marzo de 2016
En la madrugada del 2 de marzo de 2016, hombres armados ingresaron a la vivienda de Berta Cáceres en La Esperanza, Intibucá, y la asesinaron a balazos.
El crimen ocurrió:
- En su propio hogar.
- Pese a contar con medidas de protección internacionales.
- Tras años de amenazas documentadas.
- En medio de un conflicto socioambiental no resuelto.
El asesinato provocó conmoción nacional e internacional y se convirtió en uno de los casos más emblemáticos de violencia contra defensores ambientales en América Latina.

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La reacción y el símbolo de “La Guardiana”
Tras su muerte, Berta Cáceres trascendió como figura histórica y simbólica. En la memoria colectiva, pasó a ser reconocida como “La Guardiana de los Ríos”, una expresión que resume su vida dedicada a proteger el agua, el territorio y la vida comunitaria.
El sitio La Guardiana de revistazo.com recoge testimonios, relatos comunitarios y material visual que muestran a Berta desde una dimensión profundamente humana: su cercanía con las comunidades, su forma de liderar y su convicción ética.
Estos testimonios permiten entender que Berta no luchaba sola. Su liderazgo era colectivo, enraizado en la organización comunitaria y en una cosmovisión que entiende la defensa del ambiente como defensa de la vida.

Justicia: avances importantes, pero incompletos
Autores materiales
A lo largo de los años posteriores al crimen, el sistema de justicia hondureño logró condenar a varios autores materiales, entre ellos personas con formación militar y vínculos con estructuras de seguridad asociadas al proyecto Agua Zarca.
Estas condenas confirmaron que:
- El asesinato fue planificado.
- Existió una estructura organizada detrás del crimen.

Autoría intelectual
En 2021, fue condenado David Castillo, presidente ejecutivo de DESA, como coautor del asesinato. La sentencia estableció que el crimen buscaba neutralizar la oposición liderada por Berta Cáceres contra el proyecto hidroeléctrico.
Aun así, organizaciones nacionales e internacionales han señalado que:
- La investigación no ha llegado a todas las responsabilidades posibles.
- Persisten vacíos en la rendición de cuentas.
- La justicia sigue siendo parcial.
El legado vivo
El asesinato no logró silenciar la lucha de Berta. Su legado continúa:
- En el trabajo sostenido del COPINH.
- En la defensa territorial de las comunidades lencas.
- En la memoria viva recogida en testimonios, fotografías y relatos comunitarios.
- En nuevas generaciones de liderazgos indígenas, incluida su hija Berta Zúñiga Cáceres, quien asumió responsabilidades dentro del COPINH.
Berta Cáceres dejó una enseñanza central: defender el territorio es defender la vida, y hacerlo en contextos de poder desigual exige valentía, organización y memoria.

