Fue un joven campesino hondureño de 22 años, hijo de Guadalupe Cárcamo, socia activa de la Empresa Asociativa Campesina de Producción Gregorio Chávez, e integrante de una familia vinculada al movimiento campesino del Bajo Aguán, que lucha por la defensa de la tierra y el derecho a permanecer en sus territorios.
Josué vivía en un contexto de escalada de violencia protagonizada por grupos armados irregulares que operan desde hace más de una década en zonas como la finca Paso Aguán y la comunidad de Rigores, donde las cooperativas campesinas enfrentan ataques armados, amenazas y desplazamientos forzados. Esta situación ha sido denunciada de manera reiterada por la Plataforma Agraria y la Coordinadora de Organizaciones Populares del Bajo Aguán (COPA).
El 31 de mayo de 2025, alrededor de las 6:30 de la tarde, Josué Esaú Aguilar Cárcamo fue asesinado violentamente en la comunidad de Rigores, un día después de que pobladores reportaran un intenso tiroteo en la finca Paso Aguán. Su asesinato se suma a una serie de homicidios ocurridos en 2025 contra campesinos y familiares de personas organizadas, evidenciando un patrón sistemático de violencia en la región.
Hasta la fecha, no se reportan avances públicos en la investigación ni sanciones contra los responsables. El caso de Josué ha sido citado por las organizaciones campesinas como ejemplo de la urgente necesidad de intervención estatal, la desarticulación de los grupos armados, el fin de la impunidad y la protección efectiva de las comunidades del Bajo Aguán que continúan siendo víctimas de asesinatos, criminalización y campañas de desinformación mientras ejercen de forma pacífica y jurídica la defensa de sus derechos territoriales.



